*Que pasaría sobre el 1830 para que un alguien escribiera algo así*
"Me gusta ver el cielo, con negros nubarrones
y oír los aguilones horrísonos bramar.
Me gusta ver la noche, sin luna y sin estrellas
y solo las centellas la tierra iluminar.
Me agrada ver un cementerio, de muertos bien relleno,
manando sangre y cieno que impida el respirar
y allí el sepulturero, de tétrica mirada
con mano despiadada los cráneos machacar.
Me alegra ver la bomba, caer mansa del cielo
e inmóvil en el suelo sin mecha al parecer,
y luego embravecida, que estalla y que se agita
y mil rayos vomita y muertos por doquier.
Que el trueno me despierte, con su ronco estampido
y al mundo adormecido le haga estremecer,
que rayos cada instante, caigan sobre el sin cuento,
que se hunda el firmamento me agrada mucho ver.
La llama de un infierno, que corra devorando,
y muertos apilando quisiera yo encender
tostarse allí un anciano, volverse todo tea
y oír como chirrea, que gusto, que placer.
Me gusta una campiña de nieve tapizada
De flores despojadas, sin fruto, sin verdor,
ni pájaros que canten, ni sol haya que alumbre
y solo se vislumbre la muerte en derredor.
Allá en sombrío monte, solar desmantelado,
me place en sumo grado la luna al reflejar,
moverse las veletas con áspero chirrido
igual al alarido que anuncia el espirar.
Me guata que al averno, lleven a los mortales
y allí todos los males les hagan padecer
les habrán las entrañas, les rasguen los tendones
rompan los corazones sin de ayes caso hacer.
insólita avenida que inunda fértil vega
de cumbre en cumbre llega y arrasa por doquier
se lleva los ganados y las vides sin pausa
y estragos miles causa, que gusto! que placer!
Las voces y las risas, el juego, las botellas
en torno de las bellas, alegres apurar
y en sus lascivas bocas con voluptuoso halago
un beso a cada trago alegres estampar.
Romper después las copas, los platos, las barajas
y abiertas las navajas, buscando el corazón,
oír luego los brindis, mezclados con quejidos
que lanzan los heridos en llanto y confusión.
Me alegra oír al uno pedir vino,
mientras su vecino, se cae en un rincón
y que otros ya borrachos, en trino desudado
cantar al dios vendado impúdica canción.
Me alegran las queridas tendidas en los lechos,
sin chales en los pechos y flojo el cinturón
mostrarme sus encantos, sin orden el cabello
al aire el muslo bello, que gozo! que ilusión!"
Jose de Espronceda
domingo, octubre 01, 2006
Suscribirse a:
Comentarios de la entrada (Atom)
No hay comentarios.:
Publicar un comentario